RTW 2005 travel blog

Muelle de Puerto Madero


Algunos mamíferos marinos tienen la capacidad de restringir su riego sanguíneo a determinadas zonas de su cuerpo, evitando que la sangre llegue a otras zonas. Por ejemplo, el Elefante Marino puede concentrar toda su sangre en el cerebro y el corazón para sumergirse en el agua sin necesitar salir durante hora y media. Lamentablemente, el ser humano no puede hacer lo mismo, porque a mí ahora mismo me gustaría hacer justamente lo contrario: dejar que circule mi sangre por todo mi cuerpo a excepción del cerebro y el corazón para conseguir mantenerme a flote más fácilmente. De esta manera, podría evitar pensar en lo mal que lo debe de estar pasando mi Amona ahora y evitar sentir la repentina ausencia de mi Aitona.

La madrugada del viernes mi Aitona decidió que ya eran muchos los años que llevaba a cuestas y que estaba cansado y se fue mientras dormía. Yo no lo supe hasta el sábado, día en que curiosamente habíamos decidido visitar Puerto Madero, el muelle de Buenos Aires, donde cada grúa me recordaba a mi Aitona trabajando de soldador de barcos en el puerto de Pasajes.

Era el día del funeral y yo caminaba un poco sin rumbo por Buenos Aires, sin saber muy bien a dónde ir o qué hacer conmigo misma y sujetándome con fuerza a la mano de Mikel cada vez que la vista amenazaba con nublárseme de nuevo. El rostro de mi Aitona con los ojos llorosos, me asaltaba una y otra vez mientras caminaba. Así se le solían poner siempre de pura felicidad y emoción cuando tenía ante sí una de esas crituras inocentes y fieles que no abundan, ya podía ser un bebé, un niño, un perro o aquel asno que tuvo al que tanto quería y que sólo obedecía a él. El caso es que a mí nunca me dejo de mirar así, ni siquiera a los ventiseis años cuando inocencia me quedaba ya menos de la deseada y la fidelidad me la iba a llevar de paseo por un mundo que a él ya le quedaba grande. Y por eso no lo voy a olvidar nunca, porque siempre creyó ciegamente en mí y nunca nadie esperó más de un Aitona.

No pude ir al funeral, pero yo también necesito decirle adiós y no he encontrado mejor manera que ésta.

"Querido Aitona,

No te preocupes que entre todos vamos a cuidar muy bien de Amona. Y desde aquí te prometemos que seuiremos este viaje con la misma alegría y felicidad, como sabemos que te habría gustado a ti que lo hiciésemos. Quizá nos veas o nos notes desde donde estés ahora, o incluso nos estés acompañando, aunque nunca te gustó viajar, ¿verdad?

Te echaré mucho de menos, de eso puedes estar seguro.

Adiós con el corazón,

Idoia."

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